miércoles, 27 de enero de 2016

El fantasma de la corrupción irrumpe en las negociaciones de gobierno


 julio de 2011. Valencia suda el verano. De malva y oro salta a la plaza José Tomás, que reaparece en los ruedos. Aplausos, expectación, corrillos, risas, nervios. Juntos se sientan para ver al de Galapagar Rafael Blanco, Rita Barberá y Alfonso Rus. Este último consigue hasta hacerse una foto con el diestro y la distribuye a los medios la propia Diputación. Todo era felicidad.
La plaza de toros valenciana es todo un símbolo para el PP. Era el gran ágora en el que clamaban contra José Luis Rodríguez Zapatero y la fotografía del avance del PP durante ese verano hacia la mayoría absolutísima que les esperaba en noviembre. Apenas unos meses antes -en mayo- Rus había acompañado a Mariano Rajoy, Francisco Camps, Esteban González Pons y Barberá en un multitudinario mitin allí.
Pero esas camisas blancas de marcas internacionales que le gusta vestir a Rus no tenían nada de inmaculado. Si Valencia era un talismán para Rajoy -allí consiguió salvar in extremis su liderazgo en el congreso de 2008-, se ha convertido este martes más que nunca en un impedimento para seguir en La Moncloa. Hoy todas esas fotos dan pavor en Génova.
Al caso Gürtel, a los trajes de Camps, al 'Bigotes' y Francisco Correa, a Blasco y su caso Cooperación, a los contratos a Iñaki Urdangarin y a los actos de la ‘Perla’ Milagrosa Martínez, se ha unido en el particular capítulo negro de la Comunidad Valenciana el caso Imelsa. Por esta trama de corrupción en la administración valenciana ha sido detenido Rus -exvicepresidente de la Diputación valenciana- y otra veintena de exaltos cargos del Partido
 Sáenz de Santamaría y Federico Ramos
Este episodio podría llegar a salpicar hasta el exministro Miguel Arias Cañete. Por el momento, ya se ha cobrado una víctima política: el subsecretario de Presidencia, Federico Ramos. Su supuesta implicación le obligó a cesar del cargo. Su posición era muy delicada ya que ocupaba uno de los puestos más importantes de La Moncloa y era uno de los colaboradores más estrechos de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. Ella es precisamente uno de los nombres que suenan en un posible relevo de Rajoy y, además, siempre se ha cuidado minuciosamente de que no se le relacione con ningún caso oscuro.


























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